En el mundo del lujo y los negocios, solemos hablar de "patrimonio" como una cifra en un balance general. Sin embargo, en mi trayectoria recorriendo los pilares de la estética y de negocios en México, he aprendido que el verdadero patrimonio es aquel que se respira, se restaura y se comparte. Recientemente, mi atención se ha detenido en la figura de Julio Uribe Curn, un hombre que no solo entiende el lenguaje de los negocios, sino que domina el arte de la edificación.
Julio es el artífice detrás de la resurrección de Hacienda Zotoluca, en Hidalgo. Pero llamarlo simplemente "dueño" o "empresario" sería reducir una visión que es, en esencia, profundamente generosa. Para nosotros en HOW, donde nuestra filosofía se cimienta en HOW we Create, Julio representa el estándar de oro del "Mexicano de Valor".
La Restauración como Acto de Fe
Cuando Julio adquirió Zotoluca, no compró un inmueble; rescató una historia que agonizaba entre ruinas del siglo XVI. Su enfoque empresarial rompe con la inmediatez del retorno de inversión convencional para apostar por la trascendencia. Restaurar un monumento de esta magnitud requiere una disciplina férrea y un gusto sofisticado que no admite atajos.
Bajo su liderazgo, la hacienda no solo recuperó su esplendor arquitectónico —con ese estilo herreriano y mudéjar que quita el aliento— sino que se transformó en un motor de desarrollo económico para la región de Apan. Julio no importa soluciones; las crea desde la raíz, empleando a artesanos locales y reactivando la economía circular del campo hidalguense.
El Empresario detrás del Visionario
Lo que más admiro de Julio como colega en el ecosistema de los negocios es su capacidad para equilibrar la preservación histórica con una visión comercial impecable. Ha logrado posicionar a Zotoluca como un destino de ultra-lujo, compitiendo con los estándares internacionales más exigentes, sin sacrificar un ápice de la identidad mexicana.
















