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How Travel5 min lectura
La hora del ritual: cinco hoteles que merecen una pausa
Del té en The Peninsula al sabrage de St. Regis, cinco tradiciones para descubrir cómo la hospitalidad construye recuerdos a través de gestos, sabores y encuentros.
En The Peninsula Hong Kong, el té de la tarde tiene acompañamiento de cuerdas. En St. Regis, una botella de champagne se abre con sable para anunciar la llegada de la noche. Son gestos reconocibles, repetidos, capaces de organizar una pequeña parte del viaje.
Ahí empieza el interés de los rituales hoteleros: en cómo una acción adquiere significado cuando un lugar la conserva y distintas generaciones participan en ella. La vajilla, la música y el servicio intervienen, pero también quienes preparan la mesa, ejecutan la ceremonia y reciben al visitante.
Esta selección reúne ceremonias y costumbres que permiten acercarse a un hotel desde su vida cotidiana. Algunas requieren reservar una mesa; otras, simplemente llegar a tiempo y prestar atención.
The Peninsula Hong Kong: la tarde alrededor de una taza
El afternoon tea de The Peninsula forma parte de la vida social del hotel desde sus primeros años, tras su apertura en 1928. Actualmente, la experiencia en The Lobby conserva el acompañamiento de The Lobby Strings y una puesta en escena donde arquitectura, servicio y música comparten protagonismo.
Su atractivo está en la secuencia: sentarse, elegir el té, alternar bocados y permitir que la conversación encuentre su propio ritmo. La atención puede desplazarse de la mesa al salón y volver sin urgencia.
También hay historia detrás de esa aparente naturalidad. El té de la tarde pertenece a la herencia británica de Hong Kong; disfrutarlo hoy permite observar cómo una costumbre importada se incorporó a la identidad de una institución local.
Vale la pena ir con tiempo suficiente para quedarse. Reducirlo a una fotografía de la bandeja dejaría fuera su mejor ingrediente: la duración.
St. Regis: un sable para cambiar de hora
El nombre es sabrage: la apertura ceremonial de una botella de champagne con un sable. St. Regis lo incorpora a sus Evening Rituals como una forma de marcar el paso del día a la noche. La fuerza del gesto está en su brevedad. La preparación concentra la atención; la apertura produce un instante compartido. Durante unos segundos, personas que llegaron por separado miran hacia el mismo punto.
En México, The St. Regis Punta Mita incluye el Sunset Sabrage en su programación. El Pacífico le da a esta ceremonia internacional un contexto propio: la transición que celebra también sucede en el paisaje. Conviene llegar antes del inicio. Observar la preparación permite apreciar el oficio que sostiene un movimiento aparentemente sencillo.
Raffles Singapore: un Singapore Sling y las cáscaras en el suelo
En el Long Bar de Raffles, pedir un Singapore Sling viene acompañado de una costumbre menos solemne: comer cacahuates y dejar sus cáscaras en el piso. El hotel conserva esta práctica como parte de la identidad del bar, donde sitúa la creación del cóctel en 1915, a manos de Ngiam Tong Boon.
El contraste resulta memorable. Un establecimiento asociado con protocolos de gran hotel permite aquí un pequeño desorden, conocido y compartido. El visitante aprende la costumbre al participar en ella.
Su origen también remite a la sociabilidad de la época colonial, cuando propietarios de plantaciones frecuentaban el lugar. Esa historia merece acompañar a la bebida: aporta contexto a una imagen que suele circular únicamente como emblema de glamour tropical.
El Long Bar funciona sin reservación, por orden de llegada. La espera, si la hay, forma parte de la planificación; la pausa comienza al sentarse.
Fairmont Peace Hotel, Shanghái: volver para escuchar
En el Jazz Bar del Fairmont Peace Hotel, la Old Jazz Band mantiene una programación de actuaciones que el propio hotel vincula con la memoria musical del Shanghái de los años treinta.
Aquí hablamos de una costumbre cultural recurrente, más que de una ceremonia formal. Su centro es el trabajo de los músicos: la continuidad de una práctica que necesita ejecutarse cada noche para seguir viva.
Escuchar un set completo permite que el espacio deje de ser una referencia arquitectónica y adquiera una dimensión humana. El patrimonio también se transmite mediante un repertorio, una interpretación y la atención de quienes escuchan.
The Peabody Memphis: una cita con el asombro
Los patos de The Peabody tienen horario. Su marcha se realiza diariamente a las 11:00 y a las 17:00, y el hotel recomienda llegar media hora antes. La tradición nació en la década de 1930 y sigue ligada a la fuente del lobby.
Es la escala más lúdica de esta ruta. Su interés está en cómo una costumbre inesperada puede convertirse en parte de la identidad de un lugar y reunir a viajeros de distintas edades alrededor de una misma espera.
También invita a mirar críticamente las tradiciones: su permanencia merece convivir con preguntas actuales sobre el cuidado de los animales. La historia de una práctica y la manera de sostenerla hoy forman parte de la misma conversación.
Al elegir un hotel, vale la pena preguntar qué sucede allí a una hora determinada. La respuesta puede revelar una mesa que reúne, un oficio que continúa o una costumbre que todavía provoca curiosidad. A veces, el recuerdo más preciso de un viaje comienza cuando decidimos quedarnos un poco más.
LR
Lorenzo Ruíz Martínez
Creo en conectar compañías, marcas y personas creando culto y comunidad. Encuentro inspiración en los viajes, la gastronomía y el vino. Defiendo el Fitness, la Pasión y la Voluntad para hacer q suceda