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NEKAJUI : Por Qué Dejamos de Buscar Hoteles y Empezamos a Buscar Raíces

Vivimos en una era extraña. Estamos sobre estimulados ahora más que nunca, pero desesperadamente aislados. Pasamos los días deslizando pantallas, acumulando notificaciones y asintiendo en reuniones de plataformas, mientras una pequeña voz adentro nos grita que nos detengamos. Que respiremos. Que regresemos a la tierra.

LR

Lorenzo Ruíz Martínez

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Cuando viajamos, ya no buscamos simplemente una cama con sábanas de mil hilos o un lobby de mármol reluciente. Buscamos un portal. Buscamos espacios que nos provoquen, que nos sacudan el ruido de la prisa y nos devuelvan la capacidad de asombro.

Existe un rincón suspendido entre el cielo y el Océano Pacífico, en la Península Papagayo. Se llama Nekajui.

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1. Descalzos sobre la Historia

La primera lección te la da su nombre. En la lengua del pueblo ancestral chorotega, Nekajui significa “jardín exuberante”. Y no es una metáfora romántica; es una declaración de principios. Al llegar a este santuario —la primera joya de la colección Ritz-Carlton Reserve en Centro y Sudamérica— entiendes inmediatamente que aquí el verdadero lujo no es lo que se ha construido, sino lo que se ha respetado.

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Caminas por un puente peatonal suspendido que flota sobre el dosel del bosque seco, diseñado minuciosamente para no alterar ni una sola rama de la biodiversidad que lo rodea. De pronto, te topas con el corazón del lugar: un majestuoso árbol de ceiba, sagrado y eterno, que funciona como un punto de encuentro cultural. No es un resort de baja densidad (apenas 107 habitaciones y 36 residencias distribuidas con absoluta privacidad en 18 hectáreas); es un museo vivo donde conviven más de 550 obras de artistas latinoamericanos seleccionadas a mano.

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La arquitectura reinterpreta las antiguas haciendas chorotegas, pero con una sofisticación contemporánea que borra las fronteras. Aquí, la vida ocurre en ese delicioso limbo entre el interior y el exterior.

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La paradoja moderna: Viajamos miles de kilómetros para encerrarnos en habitaciones con aire acondicionado. En Nekajui, la arquitectura te obliga a lo contrario: a abrir las puertas de par en par, a ducharte bajo el cielo abierto, a sumergirte en tu propia piscina de inmersión y a recordar cómo suena el viento en las copas de los árboles.

2. El Espacio como el Máximo Manifiesto

A veces, el diseño te aísla; aquí, te conecta. Te invito a hospedarte en una de las tres exclusivas suites tiendas de campaña, suspendidas literalmente en las copas de los árboles. Despertar ahí es una experiencia casi mística: estás inmerso en el dosel del bosque, siendo testigo del despertar de la naturaleza en primera fila, pero envuelto en un confort ultra refinado.

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Para quienes buscan algo aún más permanente o comunitario, el lugar esconde un manifiesto a la hospitalidad: desde habitaciones con terrazas infinitas hasta residencias privadas y la descomunal Villa Guayacán de 10 habitaciones.

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Pero lo que realmente transforma la estancia no es la arquitectura, sino la mirada humana. Cada día está guiado por un Manzu, un anfitrión personal dedicado que no actúa como un concierge tradicional, sino como un guardián de tu tiempo. Alguien que entiende cuándo necesitas soledad y cuándo estás listo para explorar.

3. Una Alquimia para el Paladar (y el Alma)

Si el entorno es el cuerpo de Nekajui, su propuesta gastronómica es el pulso vibrante. Olvida los bufés predecibles de los resorts de playa. Aquí, la comida es narrativa, es audacia y es territorio.

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  • Puna & Paruro: El aclamado chef Diego Muñoz lidera el restaurante insignia, Puna, reinterpretando la cocina peruana moderna con una sofisticación audaz que utiliza la despensa local de Costa Rica. Pero el verdadero secreto —el que revolucionó mis noches— es Paruro: una barra omakase íntima de apenas seis asientos escondida dentro de Puna. Ahí, las tradiciones Nikkei y Chaufa se entrelazan en un viaje de precisión y sabor guiado directamente por las manos del chef.

  • Niri Beach Club: Para llegar, bajas por un funicular panorámico que rasga el acantilado hacia la arena. Abajo te espera un espacio refinado, donde los sabores ibéricos se fusionan con la brisa del Pacífico.

  • Ámbar: Un bar suspendido en la copa de un árbol. Tomar un cóctel botánico aquí mientras el sol se derrite en el océano no es un plan; es un ritual.

  • Brisa & La Casona: Durante el día, Brisa es frescura junto a la piscina; de noche, muta en un rincón sofisticado inspirado en los intensos sabores costeros de Baja California. Si buscas alquimia pura, en Bar La Casona los tragos se elaboran con hierbas recién cortadas de los jardines del resort.

  • El refugio secreto: Para los que sabemos apreciar el silencio y una buena conversación, Cooper’s es un speakeasy íntimo y discreto, perfecto para una velada envolvente. Y a la mañana siguiente, el ritual empieza en Mirador con el Desayuno Reserva, antes de pasar por Café Rincón a buscar un shot de café costarricense tostado al momento, inspirado en la fuerza del volcán Rincón de la Vieja.

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Volver a Casa, Siendo Alguien Más

Al final del día, experiencias como su concepto Dining Beyond —cenas privadas personalizadas en ubicaciones secretas del bosque o la playa— te demuestran que Nekajui no fue diseñado para que tomes fotos bonitas para Instagram (aunque querrás hacerlo). Fue diseñado para ser compartido. Para que parejas, amigos y familias no vengan simplemente a hospedarse, sino a vivir, explorar y celebrar.

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Nekajui nos recuerda que el verdadero ultralujo en movimiento no es estático, es emotivo y es -dinámico. Es desconectarse del ruido artificial para reconectarse con lo esencial. Nos invita a hacernos la pregunta incómoda pero necesaria: ¿Estamos viajando para escapar de nuestra vida, o para recordar quiénes somos realmente?

LR

Lorenzo Ruíz Martínez

Creo en conectar compañías, marcas y personas creando culto y comunidad. Encuentro inspiración en los viajes, la gastronomía y el vino. Defiendo el Fitness, la Pasión y la Voluntad para hacer q suceda

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