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How Travel8 min lectura

Olivea la experiencia, donde el territorio se convierte en mesa, refugio y encuentro

JT

Janet Torres

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Hay viajes que empiezan mucho antes de llegar al destino. Este comenzó muy temprano por la mañana en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, donde un pequeño grupo de invitados nos reunimos puntualmente para emprender una experiencia que prometía ir más allá de una simple visita gastronómica.

El destino era el emblemático Valle de Guadalupe, uno de los territorios vitivinícolas más importantes del país, donde nos esperaba la experiencia integral de Olivea Farm to Table, junto con su hotel boutique Casa Olivea y Olivea Café.

Tras aterrizar en Tijuana, un traslado nos condujo hacia el valle. El trayecto —de aproximadamente una hora y media— transcurrió acompañado por la inmensidad del océano Pacífico, visible a lo largo del camino. A pesar de un cielo ligeramente nublado, la vista del mar y sus matices azul profundo convirtieron el recorrido en un preludio sereno y contemplativo del viaje que estaba por comenzar.

Uno de los primeros detalles que llamó la atención fue que la experiencia comenzó incluso antes de llegar al hotel. Durante el trayecto, el equipo de Olivea nos dio la bienvenida con una atención culinaria preparada por su cocina, un gesto sutil pero significativo que anticipaba la hospitalidad que caracteriza al proyecto. También, cada uno de nosotros recibió un sobre personalizado con la llave de su habitación y una tarjeta de bienvenida. Este pequeño gesto permitió que al arribar a Casa Olivea el proceso fuera completamente fluido: no hubo filas de check-in ni formalidades innecesarias, solo la sensación de llegar directamente a casa.

Con 14 habitaciones, Casa Olivea se presenta como un refugio boutique cuidadosamente integrado al paisaje del valle. La primera imagen al entrar es su alberca central, cuyo azul intenso contrasta con la vegetación que rodea el espacio. A esa hora de la tarde, algunos destellos de sol atravesaban las copas de los árboles, creando un ambiente relajado que parecía marcar el ritmo de lo que sería la estancia.

Las habitaciones, minimalistas pero cálidas, reflejan una estética que privilegia la serenidad: camas amplias vestidas de blanco, detalles naturales y una atmósfera que invita al descanso. Entre los amenities destaca la presencia de - Casa del Agua - cuyo pilar primordial es agua de captación de lluvia, un detalle que revela la coherencia del proyecto con su filosofía de sostenibilidad.

La primera actividad fue una breve pero sustanciosa cata sorpresa guiada por Osvaldo Rosas de la vinícola Dominio de las Abejas. La degustación tuvo lugar en un espacio al aire libre de Olivea Café, rodeado de naturaleza y con una atmósfera relajada que invitaba a la conversación.

Más que una cata técnica, fue un primer momento para que el grupo comenzara a conocerse. Entre copas y comentarios sobre las distintas etiquetas, el ambiente se volvió cada vez más relajado, permitiendo que la experiencia colectiva empezara a tomar forma.

Esa misma noche, el equipo de Olivea preparó una cena especial formato family style, pensada más como un gesto de hospitalidad que como una presentación formal del restaurante.

El menú fue generoso y profundamente conectado con los ingredientes del territorio. La velada comenzó con almeja pata de mula y una variedad de ostiones frescos, seguidos por ensaladas que resaltaban la fuerza vegetal de la cocina: zanahoria quemada con tomatillo y una sorprendente combinación de betabel aplastado con kale. Entre los platos fuertes destacaron el lechón confitado, un delicado lenguado con beurre blanc acompañado de habas y chícharos del huerto, así como un pescado blanco rostizado con mantequilla de ajo y hierbas. El toque final llegó con un croissant acompañado de helado de chirivía, un ingrediente poco común que reveló la creatividad de la cocina.

Aunque el chef ejecutivo Daniel Nates se acercó en distintos momentos a la mesa, la velada se mantuvo deliberadamente informal. La verdadera experiencia gastronómica quedaría reservada para el día siguiente.

Las mañanas en Valle comienzan de forma tranquila y conectando totalmente con la naturaleza. Son el momento perfecto para disfrutar un buen café y una breve lectura en los fogateros, caminar por las instalaciones al aire libre, nadar en la alberca o jugar un partido de pádel fue para nosotros una forma divertida y relajada de empezar el día antes de dirigirnos a desayunar a Olivea Café.

El desayuno fue un reflejo del espíritu del lugar: sopes con huevo estrellado y lechón, bagels, quesadillas con vegetales del huerto, jugos de temporada y café recién preparado, todo servido en un ambiente donde el ritmo pausado del valle invita a disfrutar cada momento.

Uno de los momentos más reveladores de la visita fue el recorrido por el huerto de Olivea, guiado por las fundadoras Ange Joy y Adriana Rose, junto al chef Daniel Nates y el equipo agrícola.

Ahí quedó claro que en Olivea el huerto no es un elemento decorativo: es el verdadero motor creativo de la cocina. Cada planta, cada hierba y cada hortaliza determinan lo que llegará al plato.

Durante el recorrido, los visitantes pudimos probar distintas hierbas aromáticas directamente del suelo y conocer ingredientes poco comunes, como la chirivía, una raíz de apariencia similar a la zanahoria pero con un perfil de sabor completamente distinto.

Además del crecimiento reciente del huerto, el equipo compartió algunas de las iniciativas sostenibles que forman parte del proyecto: paneles solares, sistemas de captación de agua y un enfoque integral que busca minimizar el impacto ambiental.

Más que una simple visita agrícola, el recorrido permitió comprender que en Olivea la gastronomía es, ante todo, una consecuencia del territorio.

La experiencia continuó con una visita a un pequeño productor local conocido como Casa Vieja, donde el señor Tito comparte su historia elaborando vinos orgánicos en el valle. Más que una degustación formal, fue un encuentro cercano que reflejó el espíritu colaborativo de la región.

Para las fundadoras de Olivea, apoyar a productores locales forma parte esencial de su visión. En un territorio donde la gastronomía, el vino y la agricultura conviven estrechamente, la comunidad se convierte en uno de los pilares del proyecto.

De regreso en Casa Olivea, la sorpresa del día llegó de la mano del chef Daniel Nates, quien organizó una actividad inesperada: una clase de cocina al aire libre.

La dinámica comenzó en el huerto, donde los participantes seleccionamos algunos ingredientes que más tarde utilizaríamos en la preparación de una ensalada y una sopa de vegetales. Bajo la guía del chef, aprendimos desde cómo elaborar un aderezo César desde cero hasta la importancia del equilibrio entre ingredientes frescos.

Divididos en equipos, cada grupo presentó su propia versión del platillo, que posteriormente fue evaluado por el chef en un ambiente relajado y divertido. Más que una competencia culinaria, fue un momento de convivencia que reforzó uno de los valores centrales del proyecto: la cocina como espacio de encuentro.

Experiencia Olivea Farm to table

La cita fue en punto de las siete de la noche para vivir el momento más esperado del viaje: el menú degustación de nueve tiempos en Olivea Farm to Table.

La velada comenzó al aire libre, junto a un fogatero que servía como antesala del restaurante. Con el aire fresco del valle y una copa de vino en mano, los invitados fuimos llegando poco a poco antes de iniciar el recorrido.

La primera parada fue la cava del restaurante, un espacio imponente con capacidad para más de mil botellas y más de 80 etiquetas cuidadosamente seleccionadas. Su arquitectura y tecnología permiten mantener las condiciones perfectas para resguardar cada vino.

Después de esta introducción, llegó el momento de tomar asiento y comenzar el viaje culinario.

El menú degustación se compone de nueve tiempos que cambian constantemente dependiendo de los ingredientes disponibles en el huerto. Más que enumerar cada plato, lo que realmente define la experiencia es la narrativa que se construye a lo largo de la cena: sabores contrastantes, texturas inesperadas, colores vibrantes y una precisión técnica evidente en cada detalle.

Cada plato fue presentado personalmente por el chef Daniel Nates, quien compartía la inspiración detrás de cada creación y la importancia de trabajar con ingredientes de temporada provenientes del valle y de distintas regiones de Baja California.

El maridaje fue igualmente cuidadosamente seleccionado, aunque el sommelier del restaurante enfatiza que la experiencia puede disfrutarse con o sin maridaje formal, permitiendo que cada comensal explore el menú a su propio ritmo.

La cena se extendió durante aproximadamente tres horas, recordándonos que un menú degustación no es una comida apresurada, sino un ritual que invita a detenerse, conversar y disfrutar cada momento.

El cierre dulce estuvo a cargo del chef repostero Jesús Zazueta, cuyas creaciones ofrecieron un final memorable para la velada…

La última mañana antes de partir, el equipo organizó un desayuno de despedida donde invitados y anfitriones compartimos la mesa. Fue un momento especial para convivir con las fundadoras, los chefs y el equipo que hace posible la experiencia Olivea.

Entre mimosas, conversación y risas, quedó claro que detrás del proyecto existe algo más que un restaurante y un hotel: hay una comunidad de personas que trabajan con una visión compartida.

El viaje terminó como comienzan las buenas historias: con la sensación de haber descubierto algo auténtico. Porque en Olivea Farm to Table, más que una experiencia gastronómica, se vive una filosofía donde la tierra, las personas y la creatividad encuentran un mismo lenguaje.

Y así regresamos a casa con el recuerdo aún fresco del valle, el corazón lleno y la certeza de que algunos lugares se quedan con nosotros mucho después de haberlos visitado.

Adrianda Rose, Ange Joy y Daniel Nates

Adrianda Rose, Ange Joy y Daniel Nates

Área lounge

Área lounge

JT

Janet Torres

Amante del café, la música, las buenas compañías y los ratos memorables.

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