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How Fashion3 min lectura
México también se escribe en rosa
En el mes patrio, celebramos un color que conecta nuestra forma de vivir, sentir y crear. El rosa mexicano lleva en su intensidad una historia de pertenencia y una manera propia de entender la belleza.
Hay un México que reconocemos antes de nombrarlo. Aparece en una bugambilia desbordada sobre una barda, en un bordado que nos detiene la mirada, en el papel que anuncia una fiesta. Un México que se siente en el color.
Durante septiembre, el verde, blanco y rojo ocupan el centro de nuestra conversación visual. Pero hay otro tono que merece un lugar en esa celebración: el rosa mexicano. Encendido, expresivo, capaz de transformar una superficie en un recuerdo.
¿Cómo llega un color a llevar el nombre de un país? En este caso, la respuesta pasa por la moda y por un creador convencido del valor de lo que tenía cerca.
Una mirada llamada Ramón Valdiosera
El diseñador veracruzano Ramón Valdiosera recorrió México estudiando indumentarias, dibujando vestidos y observando materiales y técnicas tradicionales. Su trabajo sostenía una convicción: la cultura mexicana ofrecía un universo creativo suficiente para desarrollar una moda con personalidad propia. En los textiles y objetos cotidianos encontró una presencia recurrente de rosas, magentas y púrpuras.
En mayo de 1949 presentó su colección Buganvilia en el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York. Según el relato que él mismo publicó en Artes de México, durante una rueda de prensa el traductor repitió la expresión Mexican pink mientras el diseñador explicaba la relación del color con su país. La cobertura periodística ayudó a difundir internacionalmente aquel nombre.
El gesto resulta fascinante: una tonalidad que habitaba la vida cotidiana adquiría una nueva visibilidad. Valdiosera había reconocido en ella algo que podía comunicar pertenencia, sensibilidad y carácter.
El color como una forma de sentir
Podemos pensar el rosa mexicano como una memoria compartida, aunque cada persona llegue a él por un camino distinto. Para alguien será el patio de su infancia; para otra persona, una prenda, una celebración o las flores que crecían junto a la casa de su abuela.
Ahí reside buena parte de su fuerza. El color hace que una experiencia íntima encuentre resonancia en otros.
En la arquitectura de Luis Barragán, los rosas intensos participan de una exploración donde los muros, el agua y la luz producen emociones. Su obra permite pensar el color como parte de la experiencia de habitar: una presencia que cambia nuestra percepción del espacio y acompaña el paso del día.
Visto desde ahí, el rosa mexicano también propone una pregunta contemporánea: ¿cuánto de nuestra sensibilidad estamos dispuestos a conservar cuando diseñamos el futuro?
Celebrar lo que seguimos creando
Para How Collective Hub, celebrar México implica prestar atención a las conexiones entre cultura y vida cotidiana. A las manos que mantienen un oficio, a quienes reinterpretan una tradición y a las decisiones estéticas con las que expresamos quiénes somos.
También exige reconocer que detrás de una identidad visual hay personas y comunidades. Un bordado tiene autores, técnicas y contexto. Mirarlo con atención vuelve más profunda nuestra relación con aquello que llamamos mexicano.
Este mes patrio, el rosa nos invita a celebrar desde ese lugar: con curiosidad por nuestros orígenes y entusiasmo por lo que podemos hacer con ellos.
Quizá por eso sigue emocionándonos. Porque todavía podemos encontrarlo en una flor, llevarlo puesto, pintar con él una habitación y sentir que algo de nosotros está ahí.
México también se celebra en rosa.
LR
Lorenzo Ruíz Martínez
Creo en conectar compañías, marcas y personas creando culto y comunidad. Encuentro inspiración en los viajes, la gastronomía y el vino. Defiendo el Fitness, la Pasión y la Voluntad para hacer q suceda