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Enero no empieza el 1: empieza alrededor de una rosca

Rafa Picard inaugura el año como mejor sabe hacerlo: con una reunión íntima donde la rosca, los brindis y la conversación marcan el verdadero inicio del calendario social en la Ciudad de México.

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Este año Rafa Picard nos convocó en Colony House, en Prado Norte, ya con esa sensación tan particular que solo tiene enero en la Ciudad de México: el año es nuevo, pero las tradiciones siguen intactas. Afuera el tráfico hacía lo suyo, adentro el ambiente era otro. Cálido, cercano, alegre. De esos encuentros donde nadie mira el reloj porque no hace falta.

La rosca estaba al centro, como debe ser. No como un adorno, sino como un ritual. A su alrededor, canapés dulces pensados para acompañar la conversación, chocolate caliente servido con generosidad y una selección de bebidas que iba marcando el ritmo de la tarde. Las risas aparecían fáciles. Las conversaciones fluían sin esfuerzo. Se notaba que todos veníamos a celebrar con Rafa.

La música de DJ MANLO hacía exactamente lo que debía hacer: sostener el ambiente sin robar protagonismo. Un fondo elegante, bien curado, que le daba a la reunión ese pulso relajado que invita a quedarse un rato más, a servir otra taza, a repetir rosca “solo un pedacito”.

Rafa se movía entre los invitados con una sonrisa tranquila, genuina. En algún momento, copa en mano, lo escuché decir:

“Este evento ya es una tradición para mí. Llevo más de diez años haciéndolo y no concibo empezar el año de otra manera que no sea así, compartiendo con la gente que quiero”. Rafa Picard

Había algo especialmente honesto en sus palabras. No sonaban a discurso, sonaban a convicción. Más tarde, casi como una reflexión en voz alta, agregó:

“Siento que 2026 es el año para cosechar lo que se sembró en 2025. Empezarlo rodeado de tanto cariño me da la energía y el coraje para ir por todo”. Rafa Picard

Los invitados asentían, brindaban, sonreían. Porque todos entendíamos de qué hablaba. En esta ciudad, las tradiciones no son rígidas; se adaptan, se reinventan, pero no se pierden. La partida de rosca no es solo un gesto simbólico, es una forma de decir aquí seguimos, juntos, empezando de nuevo.

Antes de que la tarde se diluyera, el deseo quedó claro y compartido:

“Que este año nos regale salud y muchas alegrías”.

Salí de Colony House con esa sensación rara pero reconfortante de haber estado justo donde tenía que estar. Porque en la Ciudad de México, el verdadero inicio del año no siempre lo marca el calendario, sino estos encuentros donde la alegría es colectiva, el ambiente es auténtico y las tradiciones siguen siendo el mejor pretexto para reunirnos.

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