
Por Alexis Beard
Kioto es una ciudad donde el tiempo avanza con un ritmo distinto. Antiguos templos aparecen entre avenidas contemporáneas, los jardines marcan el paso de las estaciones y muchas tradiciones continúan formando parte de la vida cotidiana. Durante más de mil años fue la capital imperial de Japón, y esa larga historia sigue presente en sus barrios silenciosos, en los santuarios que surgen entre callejones estrechos y en la atención casi ritual hacia la naturaleza.
Kioto Histórico
Frente al histórico Nijō Castle se encuentra HOTEL THE MITSUI KYOTO, a Luxury Collection Hotel & Spa. El terreno donde hoy se levanta el hotel también pertenece a esa historia de la ciudad. Durante más de dos siglos fue la residencia de la familia Mitsui, una de las grandes dinastías mercantiles del Japón del periodo Edo. De aquella propiedad permanece la puerta Kajiimiya-mon, una estructura de madera oscura que hoy marca la entrada y actúa como umbral entre la ciudad contemporánea y la memoria del lugar.

El edificio actual abrió en 2020 con un proyecto dirigido por el arquitecto japonés Akira Kuryu. Su propuesta apuesta por una arquitectura baja y discreta que se integra al paisaje urbano de Kioto y dialoga con la presencia del castillo cercano y con la escala tradicional del barrio.
Los interiores fueron diseñados por André Fu, quien trabajó con materiales y proporciones inspiradas en la arquitectura doméstica japonesa: madera clara, textiles sobrios, luz tenue y espacios que transmiten calma. Las habitaciones siguen esa misma lógica, con una estética contenida que recuerda, de manera contemporánea, a las antiguas salas de tatami.

En el centro del hotel se abre un jardín diseñado por el paisajista Shunsaku Miyagi. En Kioto, los jardines funcionan como lugares de contemplación y como una forma de observar el cambio de las estaciones. En primavera dominan los verdes delicados; en verano la vegetación se vuelve más densa; en otoño los arces transforman el paisaje en tonos rojizos y dorados.
Dentro del hotel se encuentra también el restaurante TOKI, dirigido por el chef Tetsuya Asano. Su cocina parte de una idea sencilla: tender un puente entre la tradición culinaria japonesa y la técnica francesa. Formado en Europa —donde trabajó en restaurantes como el del The Ritz Paris— Asano construye sus platos a partir de caldos y fondos que evocan el dashi japonés, utilizando el agua suave característica de Kioto y productos de temporada de la región. El resultado es una cocina contemporánea que combina ingredientes y sensibilidades de ambos mundos: foie gras con kasu de sake, salmón con miso blanco de Kioto o distintas variaciones de dashi que cambian según los ingredientes del plato.

Bajo el hotel se encuentra también su onsen, alimentado por un manantial termal que brota desde aproximadamente mil metros de profundidad. El espacio forma parte del Thermal Spring Spa, un área subterránea diseñada alrededor de la piedra, el agua y una iluminación tenue que invita a un ritmo más pausado. En Japón, el baño termal forma parte de la vida cotidiana y de una tradición muy antigua de bienestar; aquí esa experiencia se traslada al centro de la ciudad, en un entorno silencioso donde el calor del agua y el vapor crean una atmósfera de recogimiento que contrasta con el movimiento exterior de Kioto.
En Kioto, la belleza suele encontrarse en gestos discretos: la sombra de un templo al atardecer, el sonido del agua en un jardín o la manera en que los arces anuncian el otoño. Tras la antigua puerta de los Mitsui, esa misma serenidad forma parte de la experiencia del lugar.













