HOW WE CREATE
Nacida en Ecuador, territorio reconocido como cuna del cacao fino de aroma, la firma ha construido una narrativa que va mucho más allá del chocolate premium. Su propuesta habla de origen, de trazabilidad, de agricultura regenerativa, de comercio directo y de una sofisticación que no necesita artificios para ser contundente.
En una industria donde el lujo suele medirse por empaque, rareza o precio, Paccari plantea una pregunta más interesante: ¿qué pasa cuando el verdadero lujo está en saber de dónde viene lo que consumimos? Bajo su modelo “Del Árbol a la Barra”, la marca conserva en Ecuador no solo el cultivo del cacao, sino también su transformación en chocolate. Esa decisión, aparentemente técnica, es en realidad profundamente política y cultural: permite preservar calidad, proteger la trazabilidad y multiplicar el valor económico que permanece en las comunidades productoras. De acuerdo con la información de la marca, este modelo ha permitido triplicar los ingresos de más de 4,000 pequeños agricultores.

Paccari no se presenta como una chocolatera más. Se presenta como un sistema. Un sistema donde el cacao no es materia prima anónima, sino patrimonio vivo; donde la sostenibilidad no funciona como ornamento discursivo, sino como estructura de negocio; y donde el sabor se convierte en el resultado de una cadena cuidada desde la raíz.
Con más de 300 reconocimientos internacionales y presencia en más de 40 mercados, la marca ha logrado posicionarse como una de las insignias más sólidas del chocolate premium latinoamericano. Su presencia reiterada en los International Chocolate Awards, incluyendo la medalla de oro para la barra Guayas 75% en la Ronda de las Américas, confirma algo que el paladar ya intuía: América Latina no solo produce cacao excepcional; también puede producir chocolate de clase mundial desde su propio territorio.
Pero quizá el gesto más contemporáneo de Paccari está en su manera de entender la excelencia. La firma ha sido reconocida como “B Corp Best for the World” por B Lab, integrándose al Top 10 mundial por su impacto social y ambiental. También destaca como la única chocolatera con certificación Demeter International, avalando prácticas biodinámicas regenerativas, libres de químicos y pesticidas. En tiempos donde muchas marcas hablan de sostenibilidad como tendencia, Paccari la utiliza como columna vertebral.

Su caso ha sido incluso analizado por la Universidad de Harvard como ejemplo de una empresa que prioriza el bienestar económico, social y ambiental por encima de los beneficios financieros inmediatos. Esa lectura resulta clave: Paccari no romantiza el impacto; lo convierte en estrategia, operación y diferenciador competitivo.
La marca también ha entendido que el futuro del lujo será, inevitablemente, material. Sus barras de 50 gramos migraron a empaques 100% biodegradables, elaborados a base de celulosa vegetal y capaces de degradarse en aproximadamente 180 días sin contaminar ecosistemas marinos. Además, eliminó cajas secundarias de cartón en algunas de sus barras icónicas, reduciendo su huella ambiental. No es un detalle menor: en el nuevo lenguaje del consumo consciente, el empaque ya no solo protege el producto; revela la ética de la marca.

En boca, Paccari representa una generación de chocolate oscuro que reivindica la intensidad. Sus formulaciones integran alta concentración de cacao fino de aroma, ingredientes 100% orgánicos, ausencia de lácteos y gluten, y un perfil rico en polifenoles y flavonoides. Es decir, chocolate que no se limita al placer inmediato, sino que dialoga con bienestar, origen botánico y complejidad sensorial.
Su portafolio, con más de 100 productos, amplía ese universo: barras de origen, ediciones con frutas andinas como mortiño y uvilla, línea profesional para alta gastronomía, superalimentos, snacks y frutos secos cubiertos de chocolate. Esta amplitud no diluye su identidad; la expande. Paccari ha conseguido que el cacao ecuatoriano viaje desde la finca hasta la alta cocina, pasando por el retail especializado y las rutas internacionales de Emirates Airlines, donde sus productos se distribuyen desde 2017.
La alta gastronomía también ha reconocido su valor. Chefs como Paul Young, Carolina Sánchez, Paco Pérez y Martín Berasategui han incorporado Paccari en sus creaciones, reforzando su lugar dentro de una conversación global donde el chocolate deja de ser un ingrediente secundario para convertirse en protagonista técnico, cultural y emocional.

En Ciudad de México, Paccari está disponible en City Market, Fresko, La Comer y Rappi, lo que permite que esta historia de origen, innovación y sostenibilidad llegue a un consumidor cada vez más informado, más exigente y más dispuesto a cuestionar qué hay detrás de aquello que compra.
La sofisticación de Paccari no está en parecer perfecta. Está en sostener una visión completa: que el chocolate puede ser placer, pero también economía local; puede ser lujo, pero también justicia productiva; puede ser indulgencia, pero también biodiversidad, salud y diseño de futuro.
En HOW WE CREATE, nos interesa mirar precisamente eso: las marcas que no solo hacen productos, sino que crean nuevos estándares. Paccari no vende únicamente chocolate ecuatoriano. Vende una posibilidad más ambiciosa: que América Latina no sea solamente origen de materias primas, sino origen de marcas globales con criterio, belleza, ética y poder cultural.













